Todos los días recibo correos con la coletilla de que no los imprima si no es necesario, para ser más respetuoso con el medioambiente. Con más frecuencia de la que me gustaría me notifican que cierta publicación pasa a ser online para 'ayudar a salvar al planeta'. Pero, ¿cuántas veces pensáis que el motivo es realmente ecológico? Yo creo que ninguno.
Hay una campaña reciente que me resultó muy falsa, pero que creo que publicitariamente le supieron sacar partido, y es la de la eliminación de las bolsas gratuitas que hizo Carrefour, en 2009 si no recuerdo mal. No es que las bolsas de plástico sean un material que me agrade mucho, y no es que sea muy ecológico, pero sí es cierto que los materiales que se usan en Espańa para hacer bolsas son 'de rápida degradación', cosa que no ocurre con muchas de las fabricadas en Asia, que es donde las hacen las grandes empresas como supongo que será el caso de Carrefour. Lo cierto es que a raíz de esa campaña se ahorraron el coste de los millones de bolsas que regalaban con cada compra, y ahora si las quieres, tienes que pagarlas. En definitiva: un resultado económico disfrazado de acción ecológica.
Para mí, esto mismo está ocurriendo todos los días con el papel. En los últimos años se está demonizando el papel como algo antiecológico, cuando es todo lo contrario. El papel se relaciona con la tala forestal y la esquilmación de los bosques, pero realmente todo el papel que se comercializa en Europa proviene de plantaciones controladas y del reciclaje, es decir, de fuentes naturales. Ademas, las legislaciones europeas prohíben el uso de productos nocivos en los tratamientos de su fabricación. Como todos hemos estudiado en nuestra mas tierna infancia, las plantas y los árboles, lógicamente, transforman el CO2 del aire en oxígeno, depositándose el carbono restante en la planta. Es por esto que el papel es además un almacén de carbono, que evita la liberación de CO2 al aire.
Por todo ello, es fácil concluir que el papel es un material natural que debemos cuidar y no derrochar como ocurre con el agua, por ejemplo. Lo importante del papel no es el uso que se haga de él, sino cómo lo tratemos al final de su vida útil: un papel que se tira a la basura y termina en la incineradora acabará siendo CO2, pero un papel que se deposita en los contenedores de papel volverá a ser papel y seguirá almacenando carbono.
Lo que es cierto, es que con los actuales servicios electrónicos, y en especial los que se ofrecen por Internet, es mas rápido y económico enviar información, especialmente de forma masiva. Esto hace que muchas entidades opten por sustituir el papel, o mejor dicho, los costes del papel, la impresión, y su posterior distribución, por un envío electrónico que es inmediato y sin costes ¿O sí existen costes? Fabricar papel consume energía, imprimirlo también y distribuirlo obviamente también, pero una vez recibido, su lectura no requiere ningún gasto energético, ni tampoco su almacenaje. Pero ¿qué gasto energético supone un envío de un mailing por correo electrónico o de un blog como este? El coste energético de fabricar los servidores que almacenan y envían mensajes, el de los terminales con que se generan los mensajes así como los de los pocos o muchos receptores, son una parte a la que hay que añadir la energía de mantener disponibles los servidores 24 horas, 365 días al año, y el consumo de cada receptor, y toda la infraestructura que exige. Y si hablamos del reciclaje, sin duda el desecho de cualquier dispositivo es infinitamente más complejo de reciclar que un libro, un folleto o una carta.
Una vez planteados todos estos puntos, quiero concluir dando el valor justo a cada medio, su utilidad y necesidad. Hoy por hoy no hay medios más inmediatos que los electrónicos, pero el papel perdura más, es más natural para la lectura, y cada día genera más impacto en el receptor. Pero, para volver al titular, donde más quiero incidir es en que no hay que demonizar al papel disfrazándolo de algo tan injusto como de ser no-ecológico; tampoco hay que difamar al papel para intentar conseguir una buena imagen de empresa ecológica, cuando no es así: hoy en día es más barato hacer una campaña publicitaria, un folleto o una revista por medios digitales, pero ¿el producto es el mismo? ¿y el resultado?
Un blog de Miguel Iglesias sobre la Imprenta, que intenta seguir los pasos de Andrés Iglesias, mi bisabuelo y fundador de nuestra empresa familiar. Tomando como muestra las Crónicas que el escribía a principios del siglo XX, pretendo continuar en forma de blog sus crónicas, consejos y anécdotas sobre el "Arte de la Imprenta"
domingo, 19 de febrero de 2012
sábado, 28 de enero de 2012
El maquetador ¿Un oficio en extinción?
Haciendo una valoración estos días, veo que en los últimos años, la medida de ahorro que más han tomado nuestros clientes no ha sido el recorte en tiradas de impresión, que claro que se está haciendo, sino que para nuestra sorpresa, lo que más abunda es que el cliente nos envíe el "arte final". He entrecomillado lo de "arte final" con la intención de hacer una ligera ironía ya que todo parecido con un verdadero arte final suele ser pura coincidencia.
Cada vez que un cliente nos pide un desglose en el precio de la impresión y la maquetación, ya sabemos cual será la respuesta mayoritaria: sólo imprimir. Pero también es mayoritario el resultado del "arte final" al analizarlo antes de imprimir: no deberíamos imprimir así. Entonces llega el gran dilema: ¿lo arreglamos (sin posibilidad de cobrarlo) o invertimos un largo rato en relacionarle y explicarle al cliente los cambios que tiene que llevar a cabo para que quede decente?
En los tiempos de la tipografía el maquetador era el cajista, después fue el fotocomponedor, pero ahora las infinitas herramientas informáticas dan la posibilidad de "maquetar" a cualquiera. Es por esto que muchos se animan a ahorrarse el trabajo del maquetador, y que en muchos casos se convierte en tener que hacer una serie de arreglos que son más costosos que la propia maquetación. Además de esto están los aspectos estéticos, que por falta de experiencia, práctica, manejo del software, o las propias limitaciones del programa empleado, el resultado visual deja mucho que desear, y esto influye de manera importante en el impacto del material impreso.
En un alto número de ocasiones el cliente no requiere de un gran proyecto creativo con muchas horas de desarrollo y diseño, simplemente la elección de una buena tipografía, el uso de un par de buebas fotos, unos márgenes adecuados y unos colores idóneos consiguen montar en pocos minutos un pequeno folleto vistoso y atractivo.
Cada vez que un cliente nos pide un desglose en el precio de la impresión y la maquetación, ya sabemos cual será la respuesta mayoritaria: sólo imprimir. Pero también es mayoritario el resultado del "arte final" al analizarlo antes de imprimir: no deberíamos imprimir así. Entonces llega el gran dilema: ¿lo arreglamos (sin posibilidad de cobrarlo) o invertimos un largo rato en relacionarle y explicarle al cliente los cambios que tiene que llevar a cabo para que quede decente?
En los tiempos de la tipografía el maquetador era el cajista, después fue el fotocomponedor, pero ahora las infinitas herramientas informáticas dan la posibilidad de "maquetar" a cualquiera. Es por esto que muchos se animan a ahorrarse el trabajo del maquetador, y que en muchos casos se convierte en tener que hacer una serie de arreglos que son más costosos que la propia maquetación. Además de esto están los aspectos estéticos, que por falta de experiencia, práctica, manejo del software, o las propias limitaciones del programa empleado, el resultado visual deja mucho que desear, y esto influye de manera importante en el impacto del material impreso.
En un alto número de ocasiones el cliente no requiere de un gran proyecto creativo con muchas horas de desarrollo y diseño, simplemente la elección de una buena tipografía, el uso de un par de buebas fotos, unos márgenes adecuados y unos colores idóneos consiguen montar en pocos minutos un pequeno folleto vistoso y atractivo.
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