sábado, 28 de enero de 2012

El maquetador ¿Un oficio en extinción?

Haciendo una valoración estos días, veo que en los últimos años, la medida de ahorro que más han tomado nuestros clientes no ha sido el recorte en tiradas de impresión, que claro que se está haciendo, sino que para nuestra sorpresa, lo que más abunda es que el cliente nos envíe el "arte final". He entrecomillado lo de "arte final" con la intención de hacer una ligera ironía ya que todo parecido con un verdadero arte final suele ser pura coincidencia.

Cada vez que un cliente nos pide un desglose en el precio de la impresión y la maquetación, ya sabemos cual será la respuesta mayoritaria: sólo imprimir. Pero también es mayoritario el resultado del "arte final" al analizarlo antes de imprimir: no deberíamos imprimir así. Entonces llega el gran dilema: ¿lo arreglamos (sin posibilidad de cobrarlo) o invertimos un largo rato en relacionarle y explicarle al cliente los cambios que tiene que llevar a cabo para que quede decente?

En los tiempos de la tipografía el maquetador era el cajista, después fue el fotocomponedor, pero ahora las infinitas herramientas informáticas dan la posibilidad de "maquetar" a cualquiera. Es por esto que muchos se animan a ahorrarse el trabajo del maquetador, y que en muchos casos se convierte en tener que hacer una serie de arreglos que son más costosos que la propia maquetación. Además de esto están los aspectos estéticos, que por falta de experiencia, práctica, manejo del software, o las propias limitaciones del programa empleado, el resultado visual deja mucho que desear, y esto influye de manera importante en el impacto del material impreso.

En un alto número de ocasiones el cliente no requiere de un gran proyecto creativo con muchas horas de desarrollo y diseño, simplemente la elección de una buena tipografía, el uso de un par de buebas fotos, unos márgenes adecuados y unos colores idóneos consiguen montar en pocos minutos un pequeno folleto vistoso y atractivo.

martes, 26 de abril de 2011

Adios Typewriter, adios

Acabo de escuchar en la radio que la última fábrica de máquinas de escribir ha cerrado hoy. Según comentaban la única empresa de máquinas de escribir Godrej & Boyce, de Bombay (India) ha decido cambiar la fabricación de estás maquinas por frigoríficos. Buceando por la red he podido leer réplicas a esta noticia en la que comentan que por ejemplo la compañía Swintec de New Jersey (EEUU) sigue fabricando estos instrumentos en China, Japón e Indonesia, eso sí, eléctricas.

Independientemente de que sea realmente la última o no, sean manuales o eléctricas me ha hecho reflexionar sobre los avances de la técnica. De cómo desaparece un instrumento tan importante en el desarrollo de muchísimas actividades. De cómo un teclado con un cablecito, o incluso inalámbrico, conectado a un ordenador ha dejado obsoleto éstas que ahora se convierten en piezas de museo.

Pero también me ha recordado a los tiempos en los que la máquina de escribir era parte de nuestro proceso. No sólo la utilizamos durantes años para escribir facturas y otros documentos con el engorroso papel carbón. Durante años usamos una IBM Composer, una máquina de escribir eléctrica con una bolas intercambiables de distintos cuerpos y familias (ver www.ibmcomposer.org para los curiosos) y que pronto vamos a desempolvar. Está máquina nos permitía tener autonomía en preparar textos para el offset, un poco tedioso para largos textos, para esos estaba la fotocomposición, pero muy válido para pequeños folletos, tablas, formularios y otros muchos trabajos. En breve espero poder escribir un post sobre esta máquina.

También me ha recordado la visita que hice en 2007 al Museo de la Técnica de L’Empordá durante la preparación de la Guía Un Gran Fin de Semana en la Costa Brava que hicimos para la editorial Salvat (ver página 41 de la guía). Este pequeño museo situado en una zona no demasiado céntrica de Figueras (Gerona) (ver http://www.mte.cat/ para los más curiosos) mostraba una amplia colección de los modelos más clásicos y variopintos de máquinas de escribir junto otras colecciones de relojes, teléfonos, etc. Una visita de lo más recomendable para los amantes de estos ingenios de la mecánica.

Por último me hecho reflexionar sobre las nuevas generaciones que no la han conocido, o que cuando las ven, como es el caso de mis hijos, no conciben para que servía esos trastos. Son generaciones que no saben que los escritores (me consta que algunos lo siguen haciendo) escribían a mano o a máquina en folios para que luego se transcribiese letra a letra en la tipografía, o después a otra “maquina” en la fotocomposión para poder hacer un fotolito, y después las planchas…, con los consiguientes errores de transcripción. Piensan que editar un libro, una revista o simple folleto era “copiar y pegar” como ahora y dar formato a un texto, pero eso requiere una larga reflexión que prometo tratar pronto.

viernes, 22 de abril de 2011

Presentación

Mi bisabuelo Andrés Iglesias ya publicaba por 1903 unas crónicas sobre El Arte de la Imprenta en el siglo XX. Al inicio del siglo XX supongo que no sería capaz de imaginar lo que le depararía en el futuro a este su oficio, un siglo después. Con el objeto de comentar anécdotas, procesos y recomendaciones, se crea este proyecto de "crónicas" en forma de blog, que espero sean del a
grado de muchos.